Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.
María Madre de la Iglesia, por su disponibilidad sin reserva, es para nosotras modelo de fidelidad y don. En el Rosario, contemplamos, como ella, los misterios de la vida de Cristo que nos llama sin cesar a la conversión (const.15).
Ella abrazo también la vida pobre y virginal que escogió para su hijo nuestro señor Jesucristo. Cons.39 2°parte.
Como hija buena y cariñosa debe sentirla siempre muy cerca, para contemplar su rostro, oír sus reproches, llevar a la práctica sus consejos y honrarla diariamente de un modelo especial con las flores del alma. Cir. 19.
Nuestra espiritualidad, enraizada en el carisma de Santo Domingo de Guzmán, se sustenta en una profunda experiencia de Dios que se manifiesta en la predicación, la contemplación y el servicio a la verdad.
no se trata de una espiritualidad estática ni encerrada en si misma, sino de una vivencia dinámica abierta y comprometida, orientada constantemente hacia el bien de los demás. y la trasformación de la realidad.
La Santísima Virgen María es para congregación un modelo de vida consagrada, en quien las virtudes adquieren un sentido profundamente evangélico. Su humildad la dispone a acoger la gracia, su fe la sostiene en la incertidumbre, su obediencia la abre plenamente a la voluntad de Dios y su caridad la impulsa a servir con prontitud y entrega. En María descubrimos que la verdadera consagración no se fundamenta en obras extraordinarias, sino en la fidelidad cotidiana, silenciosa y confiada. Contemplarla nos invita a renovar nuestro sí cada día, viviendo con un corazón disponible, sencillo y totalmente orientado a Dios y al servicio de los hermanos.
